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Salta: La experiencia del trabajo cooperativo en la pandemia

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Este fin de semana concluyó la quinta compra comunitaria impulsada por la Agrupación La Compañera, que es también cooperativa. Bajo la consigna “Todos unidos morfaremos”, la iniciativa persigue dos objetivos: abaratar costos para los consumidores y fomentar la producción local y el cooperativismo, y viene en franco crecimiento involucrando cada vez a más actores. 

Esta quinta compra reunió a 80 consumidores que aportaron $500 pesos para recibir un bolsón de 20 productos de primera necesidad, como azúcar, verduras, hortalizas y huevos. La compra unida obtuvo precios muy por debajo de los de mercado, según evaluó Carlos Suárez, de La Compañera: “En Jumbo el bolsón costaría $1.334,85 y en Día, 1.254,25”. La comparación se hizo para verificar “si esto está sirviendo o no”. 

La iniciativa comenzó con un grupito de 15 personas. Hicieron tres compras, “y realmente no era tanta la diferencia que hacíamos”, por eso invitaron a vecinos. Más tarde, con la incorporación a la Mesa de Asociativismo, que promueve el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), invitaron a las otras organizaciones “a participar no solamente en una orden, sino en brindarnos infraestructura, algunos recursos”. 

Entonces el Banco Credicoop habilitó una cuenta para las compras. El delegado local del INAES, Tane Da Souza Correa, los vinculó con otras organizaciones como el Sindicato de Camioneros, que habilitó un lugar para hacer el fraccionamiento de la mercadería, y afiliados a otras organizaciones empezaron a ofrecer la compra comunitaria. 

“Nosotros tenemos un objetivo bien grande” de llegar a mil participantes, “aportar mil pesos cada uno pensando en ese millón que nos permita tener un poder de compra muchísimo más grande y que es tentador” para los productores, los mayoristas y las distribuidoras, explicó Suárez. 

Señaló que al incorporar esta actividad a la Mesa de Asociativismo le dieron un sentido “más económico y social” y pensaron en “comprarle exclusivamente a cooperativas y a emprendedores salteños que tengan también ese perfil asociativo”, apostando a que la iniciativa “pueda tener continuidad y que pueda tener una estabilidad suficiente como para ser clientes importantes de los productores”. 

Participación comunitaria 

El aporte de $500 es casi exclusivo para las compras; se sacan $10 por persona para la logística y el embolse de la mercadería. Entre la compra de las bolsas y el traslado, se gastan entre $700 y $800 por compra.  

Los organizadores promueven la participación de los compradores. “Queremos dejar bien en claro: no somos un comercio. La idea es que invitamos a todo el mundo, vengan a ayudarnos a fraccionar, a entregar, participen y vean” como se hace, “para generar confianza, transparencia y participación. La única forma de generar una unidad es la participación y el conocimiento”, entonces así se va a generar una estabilidad de estas compras, insistió Suárez.

Cada compra empieza con un flyer que contiene el cronograma: primero se recolecta el dinero, cada participante difusor se encarga de recibir el aporte o de tramitarlo vía depósito bancario y de enlistar a los aportantes y enviar el comprobante de depósito. 

Dos personas se encargan del control de los aportes y las listas “para que no se pierda nada, quede todo organizado y sepamos con exactitud cuántos bolsones quiere cada persona, cuántos aportantes hay”.

Y luego viene el trabajo de comprar y fraccionar armando los bolsones. “Estamos velando, haciendo mucho esfuerzo para que cada bolsón sea igual al otro”. “Es un esfuerzo muy grande, es una jornada de mucha acción, de mucha concentración, entonces mientras más seamos nos resulta más fácil”. 

“Queremos que la gente se involucre y participe, y de paso también ve qué es lo que están dando, qué tipo de producto, que vea que la organización es transparente, que no es una organización que está buscando generar un lucro de esto, sino el beneficio que nosotros vemos, primero como productores, que haya un consumo del pueblo hacia los productores locales y cooperativas”, subrayó Suárez. 

Se trata, dijo, de “dejar de comprar en las grandes cadenas de supermercados, dejar de esperar que los intermediarios nos terminen subiendo los precios a las nubes, y que la gente, la comunidad, conozca cuál es el verdadero precio de las cosas, porque al final no sabemos en realidad cuánto sale el kilo de papa. Entonces de esta manera vamos también adquiriendo este conocimiento y esta conciencia de cuánto realmente sale la comida y cuánto la pagamos”. 

La Compañera también hizo un llamado a los productores salteños para generar “una mesa de charla y negociación para ver cómo podemos incorporar productos de productores salteños y de cooperativas”, con el doble objetivo de adquirir a precios justos y “el fomento a la compra local y a la compra cooperativista”. Y tratar de “direccionar todos los recursos que baja el Estado a través de un montón de beneficios sociales, hacia el cooperativismo, hacia el emprendedurismo local, porque de esa manera también podemos hacer una devolución a todo el esfuerzo que está haciendo el Estado para brindar algunos recursos para el pueblo”. 

Las pastas de La Compañera 

Ubicada en el barrio La Lonja UPCN, a unos cien metros del semirural pueblo República Lírica de Atocha, en el departamento Capital, La Compañera es el resultado de la militancia política y también del compañerismo y la cooperación entre vecinos. 

“Somos un grupo de vecinos, nos conocimos haciendo algunas actividades comunitarias como clases de apoyo escolar”, contó Suárez. Los que en sus casas preparaban alfajores, bollos o pan, como el caso de la familia de Suárez, que tenía la panadería El Hornito Artesanal, advirtieron que si se juntaban podían reunir sus herramientas de trabajo y podían instalar “una panadería más grande” para potenciar la labor de cada uno. “Armamos la panadería en el comedor, cada uno trajo sus máquinas y empezamos a trabajar juntos”. 

Así les llegó la posibilidad de venderle pastafloras al grupo de rock Divididos, y cayeron en la cuenta de que no tenían facturación, ni formalidad alguna. Entonces se conectaron con el Grupo de Empresas Sociales y Trabajadores Autogestionados de la República Argentina (Gestara). Ahí les hicieron ver “que éramos una cooperativa, lo único que faltaba para poner la frutillita del postre era tener la matrícula”. 

Suárez se emociona recordando que cuando fueron a la Subsecretaría de Empleo, Cooperativas y Mutualidades de la provincia, les dijeron que hacía años que no iba un grupo “de cooperativistas genuinos” a formalizarse, porque ya estaban organizados y trabajando como cooperativa. “Lo digo con orgullo” porque recibieron mucho apoyo y “era porque era el espíritu genuino de gente que no conocía qué era el cooperativismo y que ya lo practicábamos”.  

La cooperativa La Compañera se pensó como panadería, servicios de cátering y fábrica pastas, pero en el camino empezaron a hacer tapas para empanadas y para pascualinas “y hoy es nuestro principal producto y creo que nos vamos a quedar por esa línea porque estamos teniendo un éxito bastante interesante”. 

Fuente: pagina12

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