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lunes, julio 22, 2024
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Hambre y obesidad, dos caras de la misma moneda

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No comer lo suficiente o comer mal. Cada vez más países de ingresos
bajos o medios se enfrentan al mismo tiempo a la malnutrición y a la
obesidad, denuncia un informe de la Organización Mundial de la Salud
(OMS). Este “doble yugo de la malnutrición” pesa en “más de un tercio
de los países con ingresos bajos o medios” (48 de 126), alerta este
informe de cuatro capítulos publicado en la revista médica
británica The Lancet.

El estudio analizó las estadísticas para determinar en cuántos países en
desarrollo se cumplen estas condiciones: más del 15 por ciento de la
población sufre delgadez extrema, más del 30 por ciento retraso en el
crecimiento, más del 30 por ciento de las mujeres presentan un cuadro
de debilidad y más del 20 por ciento de la población padece sobrepeso.

Estas condiciones se cumplían esta última década en 48 de los 126
países analizados, un dato que supera los 45 de los noventa, cuando se
tuvieron en cuenta a un total de 123 estados. En la década a punto de
concluir, 14 de los países con los ingresos más bajos se sumaron a esta
lista, lo que en opinión de los expertos demuestra la prevalencia de la
doble carga de la malnutrición en las zonas más pobres del mundo.

El África subsahariana, el sureste asiático y la región del Pacífico
encabezan la ‘lista negra’ de la OMS, en la que se pone sobre la mesa
“una nueva realidad de nutrición”, en palabras el director del
Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la
organización internacional, Francesco Branca. “Ya no podemos
describir a los países de bajos ingresos como desnutridos o decir que
los de altos ingresos solo están preocupados por la obesidad”, agregó.
Una dieta de calidad es clave para el correcto desarrollo nutricional
El ritmo al que cambian los distintos patrones alimentarios deriva,
según el estudio, en que una misma persona pueda sufrir distintos
cuadros de malnutrición en distintas épocas de su vida, lo que no hace
sino disparar los potenciales riesgos. Pasar de una infancia marcada
por la desnutrición a una vida adulta con sobrepeso eleva la
posibilidad de padecer enfermedades no transmisibles como diabetes,
hipertensión, problemas cardiovasculares o ictus
.

Además, la posibilidad de trasladar el cuadro de obesidad a la siguiente
generación es mayor en el caso de madres que sufrieron carencias
alimentarias en su infancia,
advierte el informe.
Los expertos coinciden en que una dieta de calidad es clave para el
correcto desarrollo nutricional, empezando por potenciar la lactancia
materna en los dos primeros años de vida, pero también llaman a tener
en cuenta factores socioeconómicos o el cambio de patrones
alimentarios. Asimismo, también abogan por introducir en los
programas de lucha contra la desnutrición enfoques destinados a
prevenir el sobrepeso o la obesidad en el futuro.

Branca señaló que cuestiones como “la mercantilización de los
sistemas alimentarios” y “los crecientes patrones de desigualdad en
todo el mundo” evidencian la necesidad “de una comunidad mas
amplia de actores que trabajen en conjunto y de manera
interconectada en un mundo global”.
Sin una “transformación profunda del sistema”, advirtió, “los costes
económicos, sociales y medioambientales de la inacción lastrarán el
crecimiento y el desarrollo de los individuos y las sociedades en las
próximas décadas”.


“Cambios sociales”
Todas las formas de malnutrición tienen un denominador común: la
incapacidad de los sistemas alimentarios de proporcionar una
alimentación sana, segura, duradera y a un precio abordable a todo el
mundo
“, explica el doctor Branca.
Los autores del informe señalan las mutaciones que conoció el sistema
alimentario mundial. El acceso a los alimentos y bebidas procesados,
ricos en azúcares, grasas o sal hoy es mucho más fácil en cualquier
parte del planeta.
“La desaparición progresiva de los lugares donde se venden alimentos
frescos, el aumento de los supermercados y el control de la cadena
alimentaria por multinacionales en muchos países” son las principales
causas, apunta uno de los autores, el profesor Barry Popkin, de la
Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).

A ello se suma la reducción de la actividad física en los países en
desarrollo, debido a la mejora del nivel de vida. Según el informe, este
“doble yugo de la malnutrición” afecta a cerca del 35% de los hogares en
algunos países, con niveles particularmente altos en Azerbaiyán,
Guatemala, Egipto, Comores o Sao Tomé y Príncipe.
A veces, un mismo niño puede ser a la vez obeso y tener un retraso en
el crecimiento debido a una alimentación demasiado rica en calorías y
pobre en nutrientes
(es por ejemplo el caso de la comida chatarra). Para
invertir esta tendencia son necesarios “cambios sociales mayores”,
concluye el informe que aboga por “nuevas políticas alimentarias que
tengan como objetivo principal una alimentación sana”

Fuente:Perfil

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